jueves, 27 de octubre de 2011

Canicross, ese deporte tan raro.


Este domingo, no sin antes superar esa pereza que siempre me ha caracterizado con eso del "competir", decidimos asistir al canicross organizado en el pueblo de Fresnedillas de la Oliva, pueblo que se ubica en la desconocida sierra Oeste de Madrid y que bien merecía una visita por nuestra parte.


Y que es esto del canicross. Básicamente es sencillo, carreras campo a través en colaboración con un perro y que no suelen superar los 12 km pues aunque parezca increíble, los perros se desgastan mucho al tirar del compañero bípedo. Dichas carreras no se celebran con temperaturas por encima de 18 grados, ya que los perros no refrigeran como nosotros y se sobre calientan con facilidad. Por lo cual el otoño y el invierno son ideales para esta actividad, actividad que como imaginareis, tiene como hermana mayor las carreras de trineos o mushing que son lo que al triatlon los raid de aventura tipo expedición en las carreras más largas como la Iditarod.



Personalmente llevo muy mal las salidas. Y lo digo porque una salida de un triatlon sprint u olímpico son un juego de niños comparadas con una salida de canicross donde los perros contagiados por los nerviosismos típicos de los corredores no cesan de ladrar, cuando no hay algún que otro rifirafe producto del estrés. Pero lo peor no es la tensa espera hasta el disparo de salida, sino el primer medio kilómetro donde el animal desconocedor de la distancia a recorrer, corre como si la misma terminara al doblar la esquina. En ese momento, el bípedo juega entre contener, mantener el equilibrio y evitar algún que otro furioso mordisco que nunca es dirigido a personas pero entre humanos y perros, la confusión aumenta.




Después del duro comienzo toca resistir. Hay corredores que como en todo, llevan esta afición a casi la profesionalidad y manejan al perro como si de un formula uno  se tratara. Perros que saben dosificar, que giran a la orden y que tiran más cuando así se lo pide su guía. Estos corredores entrenan asiduamente con sus perros pero no como podamos hacer la mayoría, donde entrenar acompañados es un simple placer y el disfrute viene de observar como tu perro vuela arriba y abajo mientras tu te desplazas torpemente. A la par, hay también corredores que llevan perro porque así lo especifica este deporte pues sus tiempos son tan estratosféricos que dudo puedan ser seguidos por la mayoría de los perros yendo sueltos. Y hablo de Pablo Vega y algún otro que en carreras populares en ruta, son capaces de rondar los 30 minutos en el 10.000.

Afortunadamente no todo son penurias ni dificultades. Pocas cosas son comparables cuando al cruzar la linea de meta lo haces con uno de tus mejores amigos. Además, al ser un deporte poco popular, hay carreras donde llegar a la centena de participantes es todo un triunfo de la organización, detalle que para regocijo de un servidor que huye de conglomeraciones es, egoistamente, una alegría. Como alegría es que además tu pareja comparta debatares, aunque habitualmente corra con can prestado y que sin embargo y a pesar de sentirse un poco desamparada, carrera tras carrera no deje de subir a uno de los tres cajones.

 

Y como alegría es también que gracias a que Ámbar es un portento y a que la categoría viejuna es escasa en
participantes. Descubro que subir al podium ilusiona y da igual que estas sean carreras pequeñitas comparadas con otras. Porque en definitiva y aunque las copas lleven pegatinas en vez de grabados, la novedad y la aventura como siempre, gratifican más que cualquier posición o premio.



2 comentarios:

davidiego dijo...

Enhorabuena familia!

Es llop verd dijo...

Enhorabuena a los cuatro!!!