miércoles, 2 de febrero de 2011

Ser.

Cada cuál es como es y difícil es que lo cambiemos. Pero si bien nos parece fácil, diría casi que superficial definir a alguien, mucho más difícil es definirse a uno mismo. Quizás el exceso de información o la contradicción de no entenderte te impide reconocer al que otros ven en el espejo.

Decía en el post anterior que había llegado a doblar aquellos fantásticos veinte años pero se que el final de esta última década ha supuesto mucho más que saberme un madurito en ciernes. Y por eso, durante este año, día tras día he hecho análisis, síntesis e incluso sintaxis de lo que he vivido en el inicio de este milenio.

Y es que esta década no ha sido sencilla y por lo tanto lejos de ser aburrida. Lo contradictorio es que en mucho de los momentos el sufrimiento impedía ver la esencia de lo aprendido y sentido. Por que es difícil saberte sólo navegando en un mundo donde no acababas de encajar en nada, espoleado por un pasado que no acababas de ver y desconcertado por no saber hacía qué o dónde ibas. Y es que es ahora, en esta década dónde de repente comprendes que la realidad no tiene lado o extremo, que los valores dependen de las personas y que tu voluntad es igual de quebrantable que la del resto. Sin quererlo y sin esperarlo, descubres que no eres más que uno mas y que lo único que te diferencia es quién te rodea en cada momento y aquellos que nunca te abandonan, no más.

Y te enfurruñas y decides plantar cara a tremenda realidad para de nuevo caer en la cuenta de que es un nuevo error. No se trata de ser o sentirse diferente, se trata de simplemente ser y de vivir. Quizás la perogrullada parezca obvia pero comprenderla no me ha resultara sencillo. Te educan... y en mi caso no mis padres, en ser mas, competitivo, exitoso. Y aunque sabes que no es ese el destino, al final caes en el juego. Y así te conviertes en una persona que dice ser destacable en: el trabajo, haciendo tal, practicando aquello o simplemente siendo. Que se yo, el caso es ser algo más, sin intentar ser, simplemente ser.

Y en ello me encuentro, intentando asimilar y aprendiendo a no aspirar. Concentrándome en comprender el momento pero sin diseccionarlo para así poder disfrutar a veces, cuando toca pero siendo consciente.

Por ello no me pidas que corra para ganar, no me pidas que trabaje para alcanzar, no pidas que aprenda para saber más ni me digas que nada ha cambiado cuando nada es inmutable. La vida corre más que uno y no quiero perderme persiguiendola. Prefiero disfrutar de lo que toca que de lo que pueda tocar, dejar de empeñarme en cambiar a quién nunca lo hará y disfrutar del que quiere disfrutar.

No se si estoy en la cima o en el valle de esta montaña rusa que me ha tocado recorrer. Igual da pues ambos son emocionantes, tanto por la bajada como por la subida, lo importante es mantenerse en los railes y no perder la inercia.

3 comentarios:

davidiego dijo...

que dicen que cualquier tiempo pasado fue peor, pero en nuestra mano está hacer que lo que viene sea mejor, y en eso estamos, no?

Nacho Cembellín dijo...

A diario David, a diario. ;-)

Alicia Tantata Chan dijo...

Como decía mi profe de Sociología de la delincuencia, "tenemos el mal de las aspiraciones absolutas".

Desear provoca infelicidad. ¡Seamos, pues, felices con lo que somos! Autorrealización sin competición, esa es la cuestión.