domingo, 13 de abril de 2014

La aventura.


Hace un mes que regresamos de Alaska y dejamos a Antonio sólo. Cinco semanas después de su inicio ha logrado pasar dos tercios de la ruta que desde luego se ha presentado mucho más dura e imprevisible de lo que inicialmente planteamos o creíamos. Pero iniciar un camino es lo que sugiere, que hay que abrirlo y nunca es fácil.


Llegamos a Anchorage a las doce de la noche, después de 24 horas de viaje. En todos los estados por los que he podido viajar en EEUU siempre me he encontrado con la misma tónica, todo tipo de facilidades para el viajero. En la misma sala de recogida de maletas nos encontramos un panel luminoso con toda la oferta hotelera de la ciudad y un teléfono de uso gratuito. Mientras recogíamos el equipaje, Antonio elige el Hotel Barratt Inn (léase como si fuera castellano) al que llama y quince minutos después tenemos un vehículo tipo Espace para llevarnos al hotel. Sin reserva, ni pre reserva, en el momento. Desde luego el hotel en este caso hacía honor al nombre que se insinúa en castellano. Muy cercano al aeropuerto en lo que posteriormente descubriríamos que era el barrio coreano, en lo que más bien parece un polígono industrial del extra radio, el hotel es pequeño, de aspecto oscuro y con ocupantes de dudosa actitud. Vemos los primeros rostros con rasgos indígenas y un chaval que junto a otros parecía haber alargado la noche nos ofrece, en el país de las restricciones nos ofrece un cogollo de mariguana. Bien venidos a Alaska nos dice. Me sonrío.



Después de sufrir a la recepcionista durante casi una hora, logramos pasar a nuestra habitación. Enmoquetada con dos camas king bed a compartir entre tres, sin puerta en el cuarto de baño debido a lo que parece haber sido un pequeño incendio. Afuera se aprecia desde la ventana el hielo en la calle y la nieve en los tejados. Estamos por fin en Alaska. Intentamos dormir y vencer el jet lag, en pocas horas habrá luz y podremos ver cómo es.


Siete y media de la mañana. La luz descubre casas no muy altas que como intuíamos se encuentran en lo que parece un polígono donde posteriormente encontraremos interesantísimas tiendas deportivas especialidas en deportes de invierno y montaña, restaurantes típicos de comida rápida y nuestros salvadores alimenticios, japoneses, vietnamitas y coreanos. La temperatura es baja pero no tanto como imaginamos, 21 grados farenheit que equivale más o menos a menos 6 grados centígrados. El hotel no sirve desayunos y al otro lado de la calle hay un restaurante de comida rápida. Desayunamos una mezcla de huevos fritos y cafe, cafe americano, muy americano, es decir, un litro de agua sucia más o menos que no paran de rellenar. Junto a nosotros vemos a los primeros alaskianos y ya podemos observar que la media de sobrepeso es alta y no es de extrañar pues comer medianamente normal es difícil. 



Anchorage tiene como principal atractivo que está en Alaska, tierra indómita y lejana. Y punto y final. Típica ciudad americana, perfectamente cuadriculada y terriblemente fea. Las calles sobreviven a la nieve y al hielo gracias a la grava. Y aunque no es agradable pasar mucho tiempo a la intemperie, la gente hace vida normal. Como ocurre en otros lugares de America dónde los indígenas conviven con el hombre blanco, el alcohol y su in adaptación a la destilación por fermentación es totalmente evidente. No se ve la cantidad de borrachos e indigentes que se pueden ver en el sur de Chile, por poner un ejemplo, pero es muy fácil cruzarte con homless en cualquier lugar de la ciudad. La diferencia quizás aquí es que negros y caucásicos se  unen en mayor cantidad a la tragedia.



El centro de la ciudad y las zonas residenciales lindan con el borde del mar. En realidad el centro de la ciudad no abarca mucho más que tres o cuatro grandes avenidas donde nos encontraremos los escasos edificios de múltiples plantas y los pocos hoteles de lujo. La famosa carrera Iditarod razón principal por la que allí nos encontrábamos, esta presente en cada esquina. Estatuas, fuentes, pinturas y locales con dorsales, fotos y suvenir,  marcan claramente la entidad de esta ciudad. Poco más es el atractivo que la ciudad nos puede brindar, salvo el atardecer y su larga hora azul.


Alaska. Doctor en Alaska es lo más recurrente que escuchas cuando meses antes decidimos ir a Alaska. Sin embargo Alaska para mi se antojaba y así sigue siendo, como una de las últimas fronteras. A ver, fronteras quedan pocas salvo aquellas que nos inventemos aunque yo creo que seguramente haya lugares impresionantes y salvajes en lugares remotos de Rusia y China, el problema es que no existen en nuestro imaginario porque no los hemos podido ver. Somos la generación de las imágenes, hemos crecido con imágenes, tantas que a veces pienso que han condicionado demasiado nuestra imaginación. Me pregunto que imaginaba un explorador de hace un par de siglos ante lugares de los cuales jamás había visto, oído o leído absolutamente nada. Creo, y esto es un pensamiento, que tanta información nos limita, o quizás me limita. No lo se, como decía solo es un pensamiento.


Dicen que cuando sufres un accidente, vives un acontecimiento importante o simplemente tienes un examen determionante el tiempo parece detenerse. La ciencia ha descubierto que no es una sensación, sino una realidad. Procesamos el tiempo en función de nuestros sentidos y estos no siempre están atentos de la misma manera. Por eso cuando vivimos algo impactante el tiempo parece que se detiene, en esos instantes nuestros sentidos trabajan al máximo y la información que nos llega es tal que el tiempo se expande. De alguna manera es lo que me ha ocurrido allí, eran tantas cosas las que había que hacer, vivir, solucionar y superar, que el tiempo a veces parecía no correr. Y es curioso porque se supone que el tiempo pasa volando cuando haces algo que te gusta y la realidad es que el tiempo pasa volando cuando lo que haces es lo de siempre.


Pero y cómo se vive en Alaska, cómo es la gente que vive allí, de qué viven. Lo primero que descubres de ellos es su capacidad de colaboración. Cooperan entre ellos de manera natural y por lo tanto hacen lo mismo contigo. Y no hablo del trato en el comercio o en el servicio de hostelería, que es dicho sea de paso, una pasada en comparación de lo que aquí vivimos (si alguien quiere ver un ejemplo, que se acerque a cualquier apple store, esa es la tónica general de cualquier comercio o servicio, salvo ejemplos que no vienen al caso pero que como es normal, también existen), hablo de que la disposición de cualquier persona a ayudarte en lo que les sea posible, es lo habitual y no lo excepcional. Desde luego vivir en una zona extrema y con una climatología difícil es de suponer que sea razón suficiente pero intuyo que es una manera de ser que traducida a una nación entera les hace ser más competitivos. No soy un iluso y se que como dice el a veces sabio refranero español, en todas los sitios cuecen habas y desde luego el modo de vida americano no es un ejemplo de nada en general pero si quizás en muchas de sus particularidades. Las personas formamos naciones por el lugar donde nacemos y la nación, creo y es algo que cada vez tengo más claro, es lo que es por los ciudadanos que las vivimos, mal que nos pese y esto tiene la intención que entendéis.

Respecto a de qué viven. Turismo, transporte, extracción de materias primas (petróleo) y hubo un tiempo que de oro (fiebre del oro) y como no, es un importante enclave militar.



Alaska. Hay lugares con historia y hay historias en lugares. Alaska germinó en mi imaginación gracias a una película con banda sonora incluida. Into the Wild dirigida por Sean Penn y con música de Eddie Vedder. La película está basada en la novela de Jon Krakauer que es escritor, periodista y montañero y que se inspiró a su vez en la historia real de Christopher McCandless.  Todos son nombres que si investigas sobre ellos enseguida te atrapa su forma de vivir. De Sean Penn poco creo que os pueda descubrir, actor, director, ex de Madonna, de gran carácter y fuerte personalidad. Para mi es uno de los mejores actores de los que Hollywood pueda disponer. Mystic River, 21 gramos o La delgada linea roja por poner tres ejemplos. Eddie Vedder vocalista de Pearl Jam y que en esta banda sonora creó su primer disco en solitario. Grupo fetiche en mi colección de cd´s, el cual descubrí hace muchos años como otros tantos que de pronto entran en mi vida por casualidad. Respecto a Jon Krakauer os recomiendo que leáis de él en la wiki para que descubráis a un personaje que ha navegado entre ser leñador, montañero, pescador y escritor. De lejos se me asemeja un poco a otro gran relacionado con Alaska y el cual fue quien me metió el gusanillo de este estado americano a través de su lectura, Jack London y sus Colmillo Blanco y La llamada de lo salvaje. Bueno, él y Javier Reverte con su bajada en canoa al Yukón…. pero son tantas las historias y lecturas  que de una forma u otra me han llevado a Alaska, que creo este viaje es el primero de alguno más, estoy seguro. Solo espero que no me ocurra como a Christopher McCandless, del cual también deberíais leer algo, pues cierra un circulo en el que muchos además nos encontramos. En fin, historias de lugares, lugares con historia e historias que hacemos aquellos que un día decidimos vivirlas.


Y de una historia trata este post, una historia de la cual soy partícipe. No hacía mucho que había leído el río de la Luz de Javier Reverte y como suele ocurrir cuando lees una semilla germinó. El Yukon y la fiebre del oro, Alaska y Jack London. De Jack London me leí su biografía seguido de sus novelas, en ese orden. De Alaska le conté a Antonio que un año de estos podíamos bajar en Kayak dicho río. Y así lo haremos, de eso estoy seguro. Pero Antonio tenía también en la cabeza hacer algún día otra ruta, mucho más indómita e igualmente mítica. La Iditarod.



En 1925 la difteria asolaba la ciudad de Nome. "Nome llamando... Nome llamando... tenemos un brote de difteria... no tenemos suero... requerimos ayuda urgente... Nome llamando... Nome llamando" rezaba el mensaje telegráfico desesperado que atravesó la fría tundra. Esta mítica carrera tiene su origen en este hecho y que motivó que un grupo de hombres y perros en relevos llevara a Nome las 3000 dosis de suero necesarias para salvar a la población. No había otra manera de hacer la ruta que con trineos tirados por perros. Fue el último relevo el que más fama alcanzó, el musher Gunnar Kaasen y sus trece perros liderados por el perro castrado Balto. En esta historia y como suele ocurrir en casi todas, hay claros y oscuros donde dos perros y dos hombres se disputan la gloria de la hazaña. Hablo de los perros Balto y Togo y del musher Seppala y su ayudante Gunnar Kaasen.


Leonhard Seppala era reconocido en Alaska como el mejor musher y criador de perros de trineo allá a principios del siglo XX. Como criador mantenía una férrea selección donde sólo los mejores permanecían en el equipo de élite, el resto de perros a los que él consideraba peores, eran castrados y relegados a tareas de menor importancia. Togo nació en algún momento de 1915 o 1916, hijo de Suggen el siberiano líder del clan de Seppala y de una hembra llamada Dolly. Fue el único perro de la camada, pequeño, con aspecto de zorro, a veces hosco y según el propio Seppala siempre travieso. Su primer dueño lo devolvió a la edad de los seis meses harto de sus travesuras. Fue regalado esta vez a una señora que quería tener un perro de trineo como mascota pero repetidas veces escapaba volviendo al criadero de Little Creek. Seppala resignado, consintió quedárselo dejando al aún cachorro correr libremente en los largos recorridos que les eran encomendados. El animal, posiblemente por la edad y su espíritu inquieto, molestaba al tiro mordiendo las orejas de los perros y escapando en piruetas mientras era increpado por el musher. Harto de la situación y ante la preparación en noviembre de un viaje a  Dime Creek, Seppala ordenó dejar encerrado al animal dentro de una empalizada de más de dos metros y de la cual pasados dos días de su marcha podría ser soltado. Sin embargo en la noche del día que Seppala partió,  el perro logró saltar la empalizada quedando enganchado de una pata boca abajo. Una vez suelto, dicen que no reparó en la herida y salió disparado perdiendose en la noche.

Seppala había acampado en Salomon. Cuando partió por la mañana, creyó que el grupo había captado el rastro de un ciervo pues tiraba con una fuerza inusual. Cuando subió el sol y amainó un poco el viento, vio por delante lo que parecía un zorro corriendo delante de ellos. Sin embargo sus ojos no podían creer lo que estaban viendo, era Togo el que alegre, marcaba el ritmo metros adelante. Sorprendido, vendó la pata del animal y no le quedó más remedio que ponerle un arnés y colocarle en una de las posiciones más atrasadas que es donde se colocaba a los perros más inexpertos. Sin embargo el perro volvió a sorprenderle pues demostró un saber estar y una determinación que le harían llegar a las primeras posiciones al final del día. Tenía tan sólo ocho meses y se convirtió en el líder indiscutible en poco tiempo más. Las crónicas dicen que es posiblemente el perro más viajado, calculandose unos 8.000 km.de recorridos por la fría Alaska. Nunca llegó a pesar más de 22 kilos y sin embargo es el perro que más mito alberga de cuantos han corrido en Alaska. Sin embargo las mieles de la historia serían concedidas por la prensa a Balto, del cual hay una estatua en el mismo Central Park de Nueva York y es quizás injustamente el perro más famoso de la historia.


Aunque inicialmente se pensó en un sólo grupo de perros que recorriera los más de 1.300 km que separaban Nenana de Nome y que tan sólo un musher, Seppala, lo completaría, el comité de crisis que se formó decidió en última estancia salvar la distancia dicha en 20 relevos de musher y perros. Sin embargo Seppala se había anticipado y recorrió gran parte del recorrido pidiendo a Kaaser, que mantuviera un equipo de reserva, ese del que hablaba al principio donde se encontraba el bueno de Balto Seppala recorrió 260 millas, el esfuerzo fue tal que Togo, con cerca de 10 años de edad,q uedó inválido para el resto de su vida. Atarvesaron la parte más dura y compleja de la ruta y por eso hoy en día son reconocidos como los mayores, que no únicos, héroes de tan tremenda gesta. Sin embargo la sociedad y la prensa de la época vio en Balto y Kaaser a los auténticos héroes y durante mucho tiempo fueron los únicos reconocidos. La causa viene dada porque fueron el último relevo que llegó con el salvador suero a Nome. Parece ser que la prensa de la época vio un ejemplo de superación en Balto, un perro castrado por no ser considerado inicialmente apto para la tarea del tiro de trineo. Al parecer Balto llegó como líder después que el verdadero líder se rompiera una pata y tuviera que ser sustituido. Después el imaginario colectivo y la ayuda inestimable de la factoría Disney hizo el resto.


Desgraciadamente la realidad es posiblemente mucho más dura. Una vez más el hombre usa a su eterno amigo para sus necesidades y en el camino posiblemente quedaron demasiados perros destrozados y muertos. Es el precio que pagan aquellas razas de trabajo y de los cuales, sólo los más fuertes y aptos sobreviven. Sin embargo y al contrario de lo que ocurre en nuestro país, en EEUU hay un reconocimiento social a tal esfuerzo. Actualmente los perros que han corrido la Iditarod o los perros usados por el ejercito americano, son acogidos en casas de particulares que ven con orgullo poder dar un final digno y tranquilo a estos pequeños héroes. Y digo que al contrario que en nuestro país pues solo hay que ver el esfuerzo el cual se ven obligados aficionados y ong´s para mitigar el drama al que se ve sometido el galgo español, excelente animal por otra parte. Y lo que es peor y lo cual he podido ver con mis propios ojos, de como en muchos casos, perros policías jubilados que esperan resignados en chelines el día de su muerte sin más reconocimiento que un cuenco de agua y comida hasta el final de sus vidas. Así somos una vez más. Un país que no trabaja en equipo ni reconoce el mérito del esfuerzo colectivo y que no suele enorgullecerse de lo que a veces se identifica con las instituciones estatales. Un error posiblemente dado por nuestra extensa y maltrecha historia que confunde el odio heredado con la  dignidad de los hechos actuales.


Y así llegamos a Antonio. Ya he hablado de él en alguna ocasión por aquí y es un viejo conocido de cuantos de una manera u otra hemos tocado deportes como el triatlón, los trail y por supuesto los raid de aventura. Conocí a Antonio hace ahora más o menos 13 años. Probaba fortuna en eso de los raid de aventura en el parque regional de Picos de Europa. Por aquel entonces lo más que había corrido era una maratón y sin habérmela preparado ni planificado, solo corriendo a diario lo que me apetecía que solía ser casi siempre a todo lo que daba. Con esas premisas la maratón fue un rotundo fracaso, venía subido de mis marcas en el 10.000 y en la media, 35 largos y 1,18 respectivamente. Todavía estaba a años luz de saber y entender que era eso de semanas de carga, impacto, descarga, entrenamientos cruzados, pesas para resistencia, etc. Y simplemente me divertía. Vamos como ahora pero solo que con pretensiones de hacer buenas marcas.


De lo que es correr carreras de montaña, tan sólo había tenido una experiencia, dura pero muy positiva. Había corrido la que por entonces era una de las pocas carreras de montaña que se hacían en Madrid, Las Dehesas de Cercedilla al Puerto de Navacerrada. Quedé entre los cinco primeros habiendo salido el último pues corría con mi perro. Imaginad pues, entusiasmado y un tanto subidito pero prudente porque en el maratón había pinchado acabándolo en 3 horas y media. Y con esa experiencia en fondo, yo venía de la velocidad y los lanzamientos, me enfrenté a mi primer raid. Con un compañero de trabajo y con un ex-ciclista profesional. Fue toda una odisea, la primera prueba fueron 20 km. por los picos que se ven desde el Pantano de Riaño, después creo que fueron 30 o 40 km de kayak, para otros tantos 50 de bici, terminando ese día en unos 10 a pie. Creo que dormimos cuatro horas y a eso de las cinco de la mañana montábamos de nuevo en bicicleta. A esas alturas yo sufría de una tendinitis en los codos (mi bici no tenía ningún tipo de amortiguación). Después corríamos otra vez, no se cuantos kilómetros y terminábamos en unos rápidos en kayak. A la altura de una gruta que hacíamos en la carrera a pie nos cruzamos con los dos primeros equipos, el de Antonio era el Red Bull. No me lo podía creer, dos días corriendo e iban a la carrera y de risas. Alguien me dijo, ese es Antonio, es una máquina. No tenía ni idea de quién era y sólo alcancé a pensar que esa gente era de otra pasta.


Regresé a Madrid convencido de que nunca jamás haría una barbaridad igual, me gustaba el deporte pero no hacer locuras, coño que me había tirado media vida haciendo cienes intentando bajar de 11 segundos!!!. Sin embargo el destino es caprichoso. Por aquel entonces en Telecinco había un programa menor que se emitía las madrugadas sobre locuras como estas y similares, mirando atrás que en pañales estábamos aún. Y resultó que un día Antonio y su equipo fueron invitados a una entrevista. Me acerqué a saludarle. Antonio es un busca vidas incansable, listo y un cazador de oportunidades y claro, enseguida vio que podía haber algo donde rascar de un equipo que era de un canal de televisión. Creo que nos invitó a correr en lo que sería su primer raid como organizador y que estaba preparando en el Molar. De alguna manera, no recuerdo muy bien como, se empezó a forjar una alianza. Siempre me he sentido en deuda ante invitaciones o ayudas por lo que intenté que ya que pasaba al lado de la casa de Gran Hermano, una de las balizas fuera en la propia casa y lo hubiera conseguido sino fuera porque fue el año del famoso concursante vasco y de la apología a ETA. El caso es que ese fue el comienzo, un quid pro cuo entre ambos del cual ambos hemos sido grandes beneficiados. El resto ya es historia, carreras por toda España, Portugal, el primer Bimbache en la Isla de Hierro, Patagonia durante dos años, Canadá, Colombia, Islas Canarias y Baleares, Chile de nuevo y por último Alaska. Y por supuesto conocí a los que ahora son grandes amigos, como el Brother, el Insu, Luis, el Capitán Pedales, Aure o el propio Alix que en algún entrenamiento se dejaba ver.

Aunque menos en dos ocasiones nunca corrimos juntos (por razones lógicas, nunca alcancé el nivel necesario) si que entrenábamos y compartíamos viajes. Siempre me gustó la forma en la que veía  funcionar a sus equipos, los cuales y por lo menos cara al resto, funcionaban como un grupo de amigos donde las risas eran la tónica asegurada. Yo crecía como corredor de Raid y cada vez era más fuerte pero no acababa de dar con el equipo ideal, por falta de un buen orientador y sobretodo por no encontrar gente que realmente supiera el lugar que le correspondía. No obstante son años que recuerdo con un cariño especial.


El tiempo transcurrió, como contaba corrimos carreras, hicimos aventuras, a mi me dio por el triatlón y pasábamos los 40, arrea, los 40!!!. La edad va reñida con la competitividad pero no con los sueños y la determinación. Antonio empezó a girar ante retos propios y yo empecé a coquetear de nuevo con una antigua afición, la fotografía. Sin quererlo el tándem tomaba más forma y cada uno desarrollábamos nuestras ilusiones que de nuevo eran complementarias. Sin embargo es Antonio quien creaba el reto. Soy cabezota y me gusta conseguir lo que me planteo pero no alcanzo la determinación que Antonio posee, la verdad es que no conozco a nadie cercano a mi con esa determinación. Supongo que es parte de su magnetismo, nada le parece imposible y todo es planteable, dentro de los marcos que se propone eso si. Creo que posiblemente alcanzaría el grado de excelencia si en su vocabulario a parte del si se puede, nada es imposible y todo es mejor de lo que parece, existiera la palabra planificación y después la palabra planificación y también la palabra planificación. Pero nadie, afortunadamente, es perfecto.


Tengo que decir que me gusta observar y aprender de las personas. En la amistad, al igual que en las relaciones de pareja, existe un componente de admiración en la personalidad del otro el cual de alguna manera quisiera comprender y aprender. De Antonio siempre me ha maravillado su capacidad de liderazgo, creo que natural. Los que le conocemos no nos cabe duda alguna de que hace mucho tiempo que es consciente y hace uso de ello con quienes nos rodea, pero es un liderazgo participativo, generoso y siempre ejemplizante. Me explico, llamado cariñosamente, entre otros muchos motes, Toni Brown porque sabes que cada vez que te lía en algo, ese algo será un marrón. Un marrón que no será fácil, porque no habrá planificado ni preparado lo suficiente a lo que nos enfrentaremos y porque los medios con los que contamos, siempre suelen ser escasos. Y que sin embargo no dejarás de hacer porque el mismo será el que más trabaje y luche por conseguir lo planteado. Además tiene el don de nunca tener un mal gesto, palabra o actitud. Tiene la capacidad, la cual envidio enormemente de saber decir lo que piensa, aunque sea duro, sin ofender y siempre consigue que de una manera u otra, brote una sonrisa de los que le ayudan.

Dicen que un líder es aquel que consigue implicar a un grupo de gente para que le ayude a llevar a cabo un reto o proyecto creado por él,  pero para que así sea y el líder sea respetado debe haber contacto con el grupo de trabajo y el proyecto debe reportar beneficios a todo el colectivo. Por eso los liderazgos empresariales a veces cojean tan estrepitosamente. Jerarquías formadas de arriba abajo y no apoyadas por el conjunto sino impuestas por un criterio meramente empresarial. Jefes sin madera de líder y que jamás, por muchos cursos que reciban por gente como Antonio, sabrán sacar lo mejor de sus grupos y que por supuesto nunca serán respetados.  Organizaciones basadas en estatus, clases y egos que tienen como fin común su propio interés y no el del colectivo o a lo sumo los intereses organizativos que manejan como meras piezas a los individuos que forman la organización. Creo que en realidad lo que ocurre es que el ser humano viven en una sociedad gigantesca y que su estructura mental aún sigue funcionando en pequeños grupos. Por eso surgen descontentos, incompresiones y por lo tanto desuniones.


Pero liderazgos a parte, qué ocurre, qué pasa por la mente de una persona cuando emprende un reto en solitario, sin la ayuda de nada más que su esfuerzo. Por qué lo hacemos, por qué sentimos esa necesidad. Se lo he preguntado a Antonio, me lo he preguntado a mi mismo y he llegado a una conclusión que no tiene más solidez que cualquier otra que me plantéis, pero es lo que yo creo. Hace tiempo que pienso que cada uno somos no sólo lo que nos han educado, sino también lo que traemos como carga al nacer. Y todos somos el fruto de eternos viajeros que han recorrido el mundo a lo ancho y lo alto. Viajeros que se han adentrado en el océano, en las frías noches del norte y los largos días del sur. Todos aquellos que un día decidieron romper y avanzar lo hicieron por un sueño que ridículamente creyeron que les reportaría una mejor vida o simplemente, una gran aventura. Por lo general fue gente que nunca acabó de crecer y que en su espíritu siempre era dominado por el adolescente que un día fueron. Son tantos los que han despegado el culo del sillón de la comodidad que creo que más que una anécdota, es lo común y hoy en día, momento de facilidades y que con poco que hagas, puedes lograr sobrevivir (si, a pesar de la crisis) muchos deciden hacer una maratón, un iron man, o un 10.000, q más da, el caso es moverse. Y así tu instinto de nómada cazador, ese que llevas en tus genes de alguna forma se calma y te deja de pinchar. Sin embargo, hay una clase de personas que  no sólo quieren cazar, hay un tipo de personas que la caza con arco les parece aburrida y quieren inventar, crear, innovar. Esos, y esos ya son menos, son los que empujan los pequeños o grandes cambios que hacen que el resto vayamos detrás. No es una elección, es una necesidad, va dentro de ellos como en la del resto respirar. Y Antonio es así, necesita sentir que hace algo nuevo para él que le lleve cerca de sus propios límites. Hubiera sido más beneficioso para el resto que le hubiera dado por investigar la cura contra el cáncer, pero un no elige, simplemente es.


Claro que, no todo depende de tus genes, tu vida también te determina. Y entiendo que alguien que en un deporte menor como los raid de aventura, un deporte en el cual los que hemos tenido la oportunidad de correr a nivel internacional, nos conozcamos casi todos y él sea un referente mundial. Quiera mantenerse en la brecha de alguna manera y esa brecha sólo la puede mantener en solitario con retos innovadores. Como dijo una vez Bumburi "La fama es el opio del triunfador". Porque Antonio es un triunfador por perseverancia, cabezonoría y aptitud, pero sobretodo por deseo. Y no es negativo, es una forma de entender la vida, su vida. El problema es cuando esa necesidad pueda en cierto modo condicionarte y aprisionarte, pero esa es una respuesta que tan sólo él se deba respuesta. Por mi parte, poder retener en mi mente y mi cámara aquello que se propone, y sobre todo, ayudarle a que llegue a realizarlo es algo que me motiva enormemente.


Y por qué??. Por qué he decidido ayudar a Antonio casi desde el momento en el que le conocí. Ese es mi dilema. Quizás por una mezcla de romanticismo y admiración. Romanticismo por la sorpresa que me produce ver como alguien se imagina retos imposibles y los saca, a su manera, uno a uno. Quizás porque unos marcan una senda y otros la seguimos. Quizás porque en mi menta siempre me han gustado estas aventuras pero nunca he tenido el valor de vivirlas y seguirlas es menos arriesgado que hacerlas. No lo se, o si!, pero descubrirlo quizás me implique a tener que ser yo quien las haga y…. quien sabe, el tiempo te lleva, te trae. Es pura brisa de mar.


Antonio debe estar durmiendo a estas horas en algún lugar de Alaska. Se que hoy dormirá más tranquilo porque mañana posiblemente haya logrado terminar el reto más duro que jamás se ha planteado. Lo ha soñado y lo ha realizado. Se ha atrevido porque en cierto modo no midió bien las consecuencias y es su determinación, sus miedos y valores son los que le han llevado a 50 km de Nome después de recorrer más de 1.500. En su mente seguramente entre hoy mañana, pasaran muchas imágenes. Nuestro salto a un lago helado, el cafe de Lucy, Raining Pass, los kilómetros sin nieve, el indio perdido, las motos abandonas, las puestas de sol, el frío y el viento, las huellas de los lobos, alces, coyotes, wolfverines, guapitis y la cornamenta del reno. Las gafas y los trozos de trineo, su muela picada, la escarcha de la tienda y el saco empapado de cada noche, la comida de aquel restaurante o el pescado de los indios, la raja en el pulca y los ladridos de los perros. Y en su mente, supongo que también pensará, en la increíble gente que vive en Alaska, siempre dispuesta a ayudarte, gente que el frío no ha conseguido apagar su calor.


En la mía prende otro sueño. Un sueño que pasa por volver a Alaska, en verano. Bajar el Yukon, recorrer la isla Kodiak y la carretera central. Buscar el autobús donde murió Christopher McCandless y rendir homenaje a un espíritu que decidió vivir de acuerdo a sus convicciones pero que tuvo mala suerte, demasiada quizás. Y ver osos, y alces, y guapitis, y coyotes, y águilas calvas. Y volver a soñar a mi vuelta con una tierra indómita, llena de paisajes y silencios donde los hombres colaboran y viven dejando vivir.










6 comentarios:

ser13gio dijo...

Muy bueno, me ha gustado mucho. ¿Nos veremos en alguna de estas por el Yukon? Ojalá.
s

Nacho Cembellín dijo...

Dependerá sólo de nosotros. Espero q si.

Atalanta dijo...

Muy bueno, Nacho. Interesante y emotivo. Me da que poco te falta para ser el protagonista de alguna de estas. Envidia de ese arrojo. Y enhorabuena a Antonio, claro. Brutito.

Nacho Cembellín dijo...

Quién sabe? ;-) Abrazos Abel.

fRANCISCO gARCIA, lucanux dijo...

Has disfrutado me da la sensación!

FC Fernández dijo...

Muy bueno el relato... y maravillosa la aventura. Enhorabuena a los dos!!