domingo, 18 de marzo de 2018

Una crónica atípica de la Border to Border, Laponnia 2018



Toca después de un viaje hacer un pequeño análisis de lo vivido. 420 km a priori, dan para mucho pensar y sin embargo, este deporte, tan repetitivo como sutil en su técnica es un excelente mantra para no hacerlo. Durante la mayor tiempo del tiempo mi obsesión y  esfuerzo se focalizaron en ser eficiente, sin pensar en más, de hecho con el paso de las horas me sorprendía a mi mismo con la certeza de no haber pensado nada en absoluto. Después de haber practicado tímidamente métodos de meditación, este viaje me ha servido como limpieza mental ante el barullo de información en la que vivimos actualmente. Preocupaciones, noticias, tareas por hacer, conflictos, debates o dudas existenciales, sencillamente no han tenido cabida en estos siete días y sus 420 km recorridos. Lo importante era avanzar, como en la vida, sin mirar atrás, kilometro a kilometro, impulso tras impulso. Porque cada uno de los 420 km hechos no daban mucha concesión, sin a penas desnivel, cada metro se ganaba. Y la nieve esponjosa y suelta, nieve que no ha trasformado y se mantiene en sus fractales infinitos, enamora pero retiene. No obstante a eso fuimos y así lo aceptamos.





Fueron siete días, divididos en distancias que abarcarían desde los 43 km hasta los 88. Días con poco viento, nevosos y grises salvo el último. Con temperaturas que variarían desde los -27 grados hasta los -2 pero que se mantendrían  en una media de -10 aproximadamente. En ellos veríamos bosques con arboles cargados de nieve, lagos helados y poca gente, muy poca gente que sin embargo , como suele ocurrir, darían lo mejor de si mismos a esquiadores de casi 20 nacionalidades. Personas que pasarían fugazmente por sus puestos de habituallamiento para reponer fuerzas con pasas y pepinillos a cambio de una simple palabra, kiitos!!!. Con los días aprenderíamos a saludar balbuceando algo así como  hyvää huomenta!!! provocando más de una risa y sin dejar nunca de sonreír. Descubrimos que en uno de los días nuestro camino fue hecho en la segunda gran guerra por prisioneros polacos, de los cuales muchos, yacen aún hoy en día, debajo por donde nosotros nos deslizabamos. Y pensé, una vez más, en la suerte que he tenido en nacer en la época en la que vivo y mientras esquiaba, veía aquellos hombres que congelados, murieron por el mismo frío que a mi me había llevado allí. Lejos de sus seres queridos, solos y humillados. Pensaba en la ironía de la vida y en la crueldad de algunas personas, pensé que ningún tiempo se puede entender del todo desde la perspectiva del que nos toca vivir y pensé, que lo único que puedo seguir haciendo es aprender para no ser lo que temo. También aprendí que el clima y la tierra nos diferencia y que en la distancia de tu casa, te unes a los que en algo te pareces. Pero de quién más aprendí, sin duda alguna, fue de mi compañero de aventura. Por eso y porque no es algo común, he decidido contaros quién es y por qué me ha parecido especial.  






Es difícil, yo creía q imposible, conocer a alguien q no requiera reconocimiento. El ego es nuestro aliado y a la par nuestro mayor enemigo y disociar esa dualidad para reprimir la parte en la que te veas reflejado en la admiración de los demás, es, creo yo, innata e imposible de aprender. Y así es Joserra. Me atrevo a hablar de él por su inexistencia en redes sociales y porque su particular personalidad, su maravillosa capacidad intelectual y su facilidad para convertirse en un niño es digna de admiración. Joserra es catedrático en la Politécnica, y entre otros logros, tiene en su haber, ascensiones a picos de 7.000 m. y colaboraciones en misiones espaciales como la del satélite Planck y la misión Rosetta. Como podréis imaginar, es de esas personas que son capaces de hacer cosas extraordinarias  que para el resto de los mortales quedan para poco más que para nuestro estupor, asombro y admiración. Y sin embargo, su naturalidad y simplicidad, alejado de todo alarde o orgullo es lo que más impresiona de su persona, no sus logros, si no su carácter sencillo y siempre colaborativo. Capaz de subir y bajar de nivel, creo que ha disfrutado de cada kilometro, curva, conversación y momento allí vivido. Y sabéis qué, es esto y no el reto, lo que más recordaré cuando  pase el tiempo. Con los años vividos cada vez aprecio más a la gente de verdad, a esa que quiere estar a tu lado y que no pretende aprovecharse de ti o juzgarte por lo que pareces ser sin ver por qué somos así. Amigos hay pocos y algunas veces, no todos permanecen a tu lado.







Soy consciente que en el mundo hay mucha gente así y que lejos de elevarse se limitan a hacer. Y es una auténtica maravilla poder aprender, un poco, de ellos. A diario nos embobamos con gente que los medios de comunicación, internet o su propia capacidad de auto promoción, nos invita a admirar. Mitificamos a personas que en un muchos casos, es justo que las valoremos como notables; deportistas, artistas, escritores, científicos… pero, es gente que para la mayoría de nosotros serán meras imágenes. Y sin embargo hay gente que en su día a día, sin llamar la atención contribuyen a que nuestro mundo sea cada vez un poco mejor. Gente que hace cosas realmente extraordinarias y que ni por ello se creen mejores, diferentes o creen merecer un trato mejor a cualquier otro. Gente que con su esfuerzo conseguirá que nuestra vida sea un poco más fácil o que aporte respuestas a preguntas que harán ver luz, donde antes solo había tinieblas.

Joserra no fue la única sorpresa agradable, en el viaje nos acompañó una cría que en lo suyo va por un camino similar al de Joserra y además, con su mismo buen hacer y talante. Sandra con 26 años solo es campeona del mundo de su pasión, sólo. Campeona del mundo de los mejores y como suele ocurrir, sin pose ni altar. Hubo más, muchas más, mis amigos italianos, mis chicas de EEUU, mi amigo alemán, Sergio, Javi y todos aquellos que gracias a su esfuerzo esta aventura no será una más.


Ha sido un buen viaje. Hemos conocido gente disfrutando de su pasión, gente amable, cercana y entrañable. Porque en un viaje así, lo de menos es por qué fuimos si no, qué nos trajimos. 

Nota: todas las instantáneas han sido realizadas con un iPhone6 y editadas en el mismo teléfono.

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